No sé si por psicóloga o poeta, me imagino la vida de gente que no conozco. Al ir por la calle, o en las estaciones de metro, mi mente escoge a alguien y fantasea sobre quién es y a dónde va. Es más, pienso si será feliz, si aún tendrá sueños, si se habrá planteado la existencia de dios... Me invento una infancia, la historia que le lleva hasta allí. Después se va y se lleva mi mentira a dónde ni podría sospechar que fuera. Jamás podría recordar su cara, pero me quedo con las pinceladas de su vida inventada que me emocionan. A veces pienso si la gente hará lo mismo conmigo y qué será lo que verán. Qué historia se contarán que hay bajo mi abrigo. No me importa. Siempre que no descubran la verdad.
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